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Número 3 MARZO - ABRIL 2006
ISSN 1885-3285 |volver|

Ética y deontología profesional
Autor: Alejo Ortegón Gallego
Enfermero Asistencial del Área de Cuidados Intensivos. Hospital de Cabra. Córdoba.

Dilemas de enfermería en UCI

La importancia del pensamiento ético debe estar presente en toda actividad profesional enfermera. En el ejercicio de la enfermería como práctica avanzada no puede sino hacerse un esfuerzo complementario para que, desde la perspectiva especialista, los ejes de la ética profesional estén, si cabe, más presentes en nuestras relaciones interpersonales e interprofesionales. El texto se corresponde con una ponencia presentada por el autor en el reciente Congreso de la Sociedad Andaluza de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (SAMIUCC).

El ser humano se interpreta como unidad indisoluble compuesto de CUERPO y MENTE que establece una relación entre ÉL y su entorno que determinará su grado de bienestar. De ahí que resulte fundamental contemplarlo desde el punto de vista INTEGRAL, como un SER àBIO – PSICO – SOCIAL y dinámico que interactúa dentro del contexto total de su ambiente y participa como miembro de una comunidad”.

En éste pensamiento inicial del Código Deontológico, se oculta la esencia de los grandes dilemas que acompañan no sólo a Enfermería, sino a todas las profesiones relacionadas con la SALUD y el BIENESTAR.

Vivimos en un contexto cultural de progresiva y en ocasiones asfixiante tecnificación, asociada a una alta especialización. En las últimas décadas, se ha experimentado un proceso de creciente especialización. Hemos pasado de una visión macroscópica del mundo a la comprensión particularista de cada uno de los fragmentos de la realidad. Este proceso de especialización creciente tiene como todo proceso VIRTUDES y PROBLEMAS.

Constituye un adelanto sin precedentes pues permite el conocimiento perfecto y analítico de determinados microcosmos. Las técnicas avanzadas en el proceso asistencial permiten la curación, es irreversible y tiene un carácter ambivalente, dilemático.

Sin embargo, esta tendencia puede desembocar y de hecho así sucede en una pérdida creciente de la VISIÓN INTEGRAL DEL SER HUMANO. Se corre el riesgo de perder de vista la globalidad de la persona que se atiende y reducirla a un simple órgano, a un simple fragmento.

Aquí surgen numerosos dilemas, pues, seducidos, fascinados, atrapados por la alta especialización tecnológica de nuestras UCI´s , caemos en el error de reducir nuestro trabajo al mero ejercicio técnico.

Para la medicina en general y la enfermería en particular, constituye una forma limitada y reduccionista de observar, acompañar y cuidar a la persona humana, pues parten de esquemas SIMPLISTAS, SUMISOS, PATERNALISTAS y EMPOBRECEDORES de la actividad intelectual.

El ejercicio de CUIDAR no puede ser reducido a TÉCNICAS ni Enfermería debe identificarse como un ejercicio de técnicas y procedimientos, sino que constituye fundamentalmente un arte.Cierto es que el dominio de técnicas es necesario. Y en UCI, IMPRESCINDIBLE.

Pero el ARTE de CUIDAR precisa unos conocimientos de tipo psicológico, antropológico e inclusive de tipo cultural, ahora que nos encontramos en la era de la multiculturalidad.

Cuidar de un ser humano en su sufrimiento, en su dolor ó en su proceso de muerte no es un ejercicio automático, ni puede ser jamás una sucesión premeditada de actos, sino que fundamentalmente se trata de un ARTEque abarca una profunda sabiduría ÉTICA.

Reflexionar sobre ello debe ser considerado más que un dilema, un intento para el desarrollo pleno de la medicina y la enfermería.

La acción de cuidar plantea en ocasiones graves y profundos desafíos de carácter ético donde resulta absolutamente necesario reflexionar en torno a las categorías de LIBERTAD, INTIMIDAD, JUSTICIA y BIEN.

La LIBERTAD constituye la razón de ser de la naturaleza humana. La persona enferma, en tanto que persona, siente el deseode libertad y precisamente por ello cuidar de una persona enferma es también cuidar de su libertad. Es decir, velar para que su libertad se realice dentro de los límites posibles. Libertad dada al paciente para expresar a través de la palabra, de la mirada ó comportamiento, lo que siente, ó lo que desea. Libertad incluso en la información que se le suministra. ¿Cuánto desea saber de su proceso de enfermedad?

Como humanos que somos, podemos caer en el error de actuar con INDIFERENCIA. Y la indiferencia es la ausencia de relación. Se sitúa en el polo opuesto a cuidar pues es el descuido absoluto por el otro. Ser indiferente a algo ó a alguien es no percatarse de su ‘DIFERENCIA’, es tratarlo como un todo homogéneo, como algo INEXISTENTE. La indiferencia es en éste sentido, la absoluta irrelevancia del otro, no sólo de lo que dice, de lo que piensa, o de lo que siente, sino de su propia INDIVIDUALIDAD. Su persona ha sido desplazada a un simple órgano ó aparato cuya actividad es observada a través de monitores y pantallas que atrapan la mirada de cuántos le rodean en unos casos, y en otros, las necesidades de su persona es desplazadas en interés de nuestro propio ritmo de trabajo.

¿Respetamos el sueño nocturno tan necesario como fuente de reparación interna? O nos mostramos ‘indiferentes’ ante tan vital necesidad.

¿Y en las situaciones de coma vegetativo? La dignidad del paciente es fundamental y ello implica una praxis donde el respeto a su intimidad y la atención a su extrema vulnerabilidad sean básicos.El enfermo es ante todo persona y en tanto que persona, tiene una dignidad que se concreta en una serie de modos de proceder. La ética asistencial se fundamenta, en último término, en la dignidad personal. El ser humano no puede ser tratado de cualquier modo, porque tiene una dignidad. El enfermo, por su situación, merece un trato personalizado, justo, de respeto y de confianza.

Independientemente de la patología que presente, grado ó evolución, toda persona ha de ser tratada como lo que es, como algo único e irrepetible, provista de unas características particulares y de un destino también peculiar, que en parte él mismo determina.

Cuidar requiere conocimiento teórico y praxis, arte y ciencia, técnica y sabiduría, tiempo y espacio. Y todo ello requiere un marco institucional idóneo. Un marco donde sea posible cuidar a un ser humano, donde las condiciones estructurales sean favorables para el ejercicio de dicho cuidado. En ésta línea, el deber moral de los profesionales sanitarios no sólo radica en el buen ejercicio de su profesión, sino en la reivindicación de unas condiciones adecuadas desde el punto de vista institucional para el buen ejercicio del cuidar y del curar.

  • ¿responden nuestras UCI´s a las necesidades de los familiares de los pacientes ingresados?
  • ¿están diseñadas para facilitar la intimidad, orientación y cuidados a nuestros pacientes?
  • ¿facilitamos ó anulamos la despedida final de la familia cuando el paciente fallece?
  • ¿Disponemos de espacios donde puedan vivenciar emocionalmente la despedida?
  • ¿Cómo elaboramos los profesionales de la salud la pérdida de los pacientes?

Estamos aquí para reflexionar y debatir. Todos podemos y debemos aportar sensibilidad y capacidad crítica frente a determinados procedimientos y maneras de tratar a la persona humana. No debemos permanecer impasibles y quedarnos en la simple contemplación. Es necesario andar el camino para la transformación y ello implica que en el arte de cuidar haya mayor coordinación y comunicación entre el personal médico y el personal de enfermería. Si la responsabilidad de la asistencia es compartida, el esfuerzo terapéutico adquiere un valor añadido que da sentido al arte de cuidar.

Cuando en ocasiones no ponemos límites a los esfuerzos terapéuticos¿no estaremos frenando el curso de la propia naturaleza?Éstas y otras cuestiones deben plantearse, en sesiones conjuntas o ínter disciplinares. Donde la aportación sea mutua y los objetivos similares. Donde Ciencia y Arte se contemplen al igual que cuerpo y mente, como entidades indisolubles. La ciencia nace cuando se divide el TODO en partes y nos dirigimos a las partes dañadas, mientras que el arte se dirige a la persona del enfermo como un todo indivisible, donde lo biológico influye en lo psicológico y viceversa.

Una de las cuestionesmás difíciles de abordar teórica y prácticamente es el cuidado de las personas moribundas. Acompañar a morir debe constituir una tarea más en nuestras actividades. Pero la actitud y la aptitud para cuidar a un moribundo no se improvisa. Es preciso que tengamos un conocimiento claro de la muerte y saber dominar cada una de las situaciones. No podemos, en cuanto personas que atienden a un moribundo, camuflarnos tras las técnicas que hay, para combatir la angustia porque no contribuyen nada más que a aislar al enfermo y a negarle la despedida de sus seres queridos.

Asistir a alguien que se está enfrentando con la muerte requiere no sólo de interés, sino de la atención y apertura mental a las necesidades, temores y ansiedades del paciente, su familia y amigos.

El arte de cuidar a los moribundos no es únicamente una técnica de interés para la psicología, la religión ó la medicina conductista. Se necesita sobre todo por razones morales. ¡NADIE DEBERÍA MORIR SÓLO Y MUCHO MENOS CON DOLOR! Y está a nuestro alcance lograrlo.

Nadie quiere morir solo. Todo ser humano por naturaleza, desea morir acompañado por las personas que ama. En dichas circunstancias, estrechar los vínculos es fundamental. Y en ocasiones impedimos el adiós tan necesario para elaborar el duelo, anteponiendo rígidas normas como obstáculos que impiden elaborar un duelo normal.

Tales pensamientos no deben plantearse como dilema sino como cuestiones que nos hagan reflexionar y comprender, que los moribundos no deben sentirse abandonados, que sepan que están siendo cuidados por otros, incluso aunque sean conscientes de que no tienen cura.

El deseo de cariño, de afecto, en definitiva de comprensión, sin llegar al paternalismo, constituye una de las necesidades claves del enfermo y sólo colmando dicha necesidad es posible construir un puente entre nosotros y su ineludible final.

Los enfermeros y enfermeras debemos concretar y definir nuestra contribución única y esencial al cuidado de la salud y de la enfermedad. Conocer y hacer conocer cuál es la naturaleza del servicio que prestamos en las UCI´s. Un servicio que debe ser eminentemente centrado en la persona que como decía al principio es la unidad indisoluble de cuerpo y mente. Un ser Bio-psico-social. Sin olvidar la familia, a quien hay que considerar como una entidad que también debe ser valorada y tratada en su justa medida. Y en ocasiones como un “paciente” más.

Se trata de reflexionar con amplitud intelectual en la esencia del arte de la Enfermería y articular un acompañamiento a la altura de la dignidad de este ser único y extraño a la vez que es el ser humano.

El nacer y el morir son experiencias solitarias que ocurren más allá de las posibilidades de escoger. ES EL DESAFÍO QUE NOS PROPONE LA PROPIA VIDA.

CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO:

Ortegón Gallego A. Dilemas de Enfermería en UCI Revista Especialidades Enfermeras [en línea] 2006 marzo-abril; 2(2).
En http://www.especialidadesenfermeras.com/revista/index.htm [ISSN 1885-3285].
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