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Autor: Andrés Ramírez Barba.
Enfermero SUAP. Madrid |
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¡Socorro, el monitor no funciona!
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A partir de un relato de lo más cotidiano en el ejercicio de la práctica enfermera, el autor nos invita a una reflexión sobre qué y cómo hacemos nuestro trabajo, para que a partir de ahí podamos promover acciones de mejora laboral que nos hagan crecer como profesionales. |
Avanzar en el desarrollo profesional enfermero a través del reconocimiento de la especialización de nuestro trabajo requiere a veces, tal vez demasiadas veces, dosis de paciencia y buen humor en el manejo de los recursos que permiten que ejerzamos realmente como especialistas. El relato que describo es muy anecdótico y muchos, tal vez demasiados, no encontrarán la relación de tal descripción con la importancia de la especialización de enfermería. Simplemente querría llamar la atención en cuanto a que nuestro desarrollo profesional se ha de fundamentar en la reflexión productiva de mejores condiciones de trabajo a partir de lo cotidiano.
Creo que lo que voy a relatar no sólo es una “batallita”, sino algo que cuando pasa, además de pasarlo mal, puede ser constructivo. Pues como siempre digo; hay que aprender de todos y de todo, y nada mejor que aprender tropezando, eso si, con la primera piedra y no con la segunda.
Hace ya algunos años que vengo desempeñando mi trabajo como DUE en un servicio de urgencia SUAP, o lo que es lo mismo, las urgencias extrahospitalarias de Madrid. Evidentemente no es una urgencia como la hospitalaria, por lo que a las patologías que tratamos se refiere, estamos acostumbrados a tratar afecciones mas leves, por supuesto, eso no significa que en cualquier momento de la jornada no pueda llegar un paciente con un compromiso importante de su vida. Por ello y por otras muchas cosas debemos de tener no solo buen material de urgencia, sino también un aparataje médico de urgencia necesario para atender este tipo de casos, que aunque poco frecuentes son muy importantes.
En muchos casos estos aparatos son inexistentes o no son los adecuados, pero esa es una guerra que no viene al caso tratar. También se puede dar el caso de mal funcionamiento, lo que nos llevaa lo que os quiero relatar.
Lo que voy a contar nos ocurrió en nuestro servicio hace ya algún tiempo. En aquella ocasión, yo no estaba de guardia cuando se presento un paciente grave que hubo que monitorizar. Cuál no fue la sorpresa de mis compañeros cuando descubrieron que el monitor-desfibrilador no captaba la señal de E.K.G. En estas ocasiones no tienes mas remedio que “apañártelas”, recurrir al ingenio, cruzar los dedos yesperar que la Uvi móvil no tarde mucho. Ni que decir tiene que se dio parte de esa avería y se arregló fugazmente.
En la siguiente guardia, tuvimos la “fortuna” de que pasó algo parecido. Si en este tipo de servicios nos es frecuente que nos lleguen este tipo de patologías, aún menos en dos guardias seguidas, pero en fin, este trabajo es así de impredecible.
En esta ocasión lo presencié en primera persona, imaginaos mi cara cuando al conectar el monitor, que habían arreglado horas antes, volvía a dar el mismo fallo. En ese momento creo que me tiré de los pelos que no tengo en la cabeza, no me lo podía creer. Doy gracias que no tuvimos que “chispar” a ciegas, nos fuimos apañando a base de tirar de papel del aparato de E.K.G. Al fin ese día pasó y conseguimos que nos cambiaran el aparato monitor-desfibrilador.
Pero claro, como se suele decir, las desgracias nunca vienen solas y no hay dos sin tres. Varias guardias después me volvió a suceder exactamente lo mismo, aquello ya se estaba convirtiendo en una pasadilla, algo irreal que nadie alcanzaba a explicar, incluso algunos empezaban a creer en el fantasma bromista del SUAP.
Era imposible que un aparato nuevo tuviese tal fallo, algo que los técnicos se negaban a admitir. Al ser yo el que había tenido la nefasta experiencia por dos veces, me citaron para revisar el aparato con el técnico. Cuando el técnico llegó, conectó un aparato que comenzó a simular situaciones diversas. En todas las situaciones que simulaba funcionaba a la perfección. Yo no podía creer que después de pasarlo mal en dos ocasiones, aquella pequeña pantalla reflejara tan claramente todo tipo de ondas y en todas las derivaciones posibles.
Con el fin de agotar hasta la última posibilidad decidimos colocar los electrodos reales, empecé a pegárselos hasta que por fin el técnico se dio cuenta del problema,…
¡Los electrodos estaban SECOS!, el gel conductor que llevan los electrodos, se había secado. Creo que estuve a punto de explotar de rojo que me puse. ¿Cómo no se nos había ocurrido a nadie esa posibilidad?
Pero claro os explico; los paquetes de electrodos son de 50 unidades, una vez abiertos se quedan expuestos al aire, temperatura, etc… Y claro teniendo en cuenta que, en un servicio como el nuestro, un paquete nos puede durar muchos meses, tampoco es tan descabellado que se puedan secar sin llegar a gastarlos. Lo mejor es que era la primera vez que esto sucedía, no se si por casualidad o por suerte.
Me propuse que ésto no sucediera más, así que, había que buscar una solución para este problema. Evidentemente sin la necesidad de abrir una bolsa de 50 unidades cada dos por tres.
Después de varios días de darle muchas vueltas se me iluminó la “bombillita”. Se me ocurrió congelar los electrodos. Sin decir nada a nadie, ya que en principio era algo un poco absurdo, congelé tres o cuatro electrodos durante varios días.
Después de esos días comprobé con asombro que el gel no llegaba a congelarse, o lo que es lo mismo, que el punto de congelación es muy elevado y sólo lo hace parcialmente. Los probé tal como salían del congelador, semicongelados, utilizando como conejillo de indias a un compañero, y en efecto, no sólo conducían a la perfección, sino que se terminaban de descongelar rápidamente. Además se pueden congelar y descongelar cuantas veces quieras sin perder su propiedad de conducción.
Con ésto, y de una forma sencilla conseguí acabar con el problema que tenemos en este servicio. Creo que este descubrimiento puede servir a muchos compañeros que trabajen en servicios parecidos o que estén en unas condiciones similares. O sea, que su necesidad de usar el monitor-desfibrilador sea muy de vez en cuando, como por ejemplo en plantas de hospitalización u otras zonas del hospital en las que se traten patologías banales pero tengan la necesidad de tener un carro de paradas.
Creo que es mas rápido ir al congelar a coger los electrodos a la vez que vas por el carro de paradas, que cuando estas en “faena” tener que ir al almacén a buscar una bolsa nueva porque están secos los que estas usando. Y por supuesto no voy a entrar a valorar el gasto económico que se produce cuando tiras una bolsa abierta en la que solo se ha gastado cinco electrodos.
Espero que con ésto que os he relatado no solo aprendáis de los errores que cometemos otros compañeros, sino que también os haya despertado un poco la inquietud de probar e investigar cosas nuevas en vuestro trabajo diario. Tenemos que desarrollar e innovar la profesión que tanto nos gusta, para así superarnos, individualmente y como colectivo profesional, pero para ello tenemos que aportar nuestro granito de arena.
CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO:
Ramírez Barba A. ¡Socorro, el monitor no funciona! Revista Especialidades Enfermeras [en línea] 2006 marzo-abril; 2(2).
En http://www.especialidadesenfermeras.com/revista/index.htm
[ISSN 1885-3285].
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